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martes, 8 de diciembre de 2009

Poesía y mística .Diálogo entre Hugo Mujica y Esteban Ierardo.


03-11-2009

Esteban Ierardo: Buenas tardes. Me gusta la tarde que nos hace recordar al paganismo olvidado por Occidente. Con Hugo vamos a intentar hablar sobre la poesía, sobre algún tipo de experiencia estética que tal vez no es el centro del cultura contemporánea. Como un breve comentario introductorio, me gustaría manifestar la paradoja a la cual estamos sometidos al hablar de aquello que no tenemos que hablar. Es decir: tal vez directamente la poesía es algo que se entona en sus propias palabras sin necesidad de explicaciones o comentarios anteriores o posteriores. Pero el diálogo o la “teorización” sobre el sentido de la poesía puede ser una forma de estímulo al acto poético personal y al de otros. De hecho, estamos acá con Hugo. Hugo es el que tiene el largo impulso de un camino creativo recorrido, por lo cual voy a hacer que él hable más que yo. No sé si querés Hugo hacer un primer comentario.

Hugo Mujica: No. [Risas]

Esteban Ierardo: Bueno, voy a hablar yo. La paradoja de hablar sobre aquello que no se puede hablar es algo que intentaron los temperamentos críticos de todos los tiempos y todas las culturas. Sería bueno recordar que en nuestra tradición literaria, Borges es un ejemplo de una aproximación a una experiencia de orden místico. Después podemos pensar o intercambiar ideas sobre el significado de aquello que no puede ser efectivamente convertido en palabras. Pero me gustaría de mi parte recordar, o contarles como invitación a la lectura, un momento particular de Borges, que tal vez ya lo conozcan –y si no, creo que se justifica doblemente–, que es una de esas prosas ensayísticas breves de Borges que desborda de sugerencias y de sentidos.

Esteban Ierardo: Por ahí hay dos cosas para continuar desde mi lado. Es cierto que todo esto es discutible, obviamente no hay ninguna verdad, aunque la cultura se construye sobre una voluntad…

Hugo Mujica: Lo que acabás de decir es como una verdad.

Esteban Ierardo: Bueno, pero es un juego del lenguaje. A eso me quería referir: la única manera de evitar esas falacias es suprimir el lenguaje, pero suprimir el lenguaje sería humanamente imposible por la necesidad de la comunicación social. Vos decís que no hay nada que esté fuera del lenguaje, yo opino –es una opinión– que hay un nivel en el cual es imposible una experiencia no mediada por el lenguaje porque siempre accedemos a la posibilidad de armar lenguaje ya socializados con un lenguaje, con una capacidad de decir, que nos impone una tradición, una cultura. Sin embargo, el hecho de que el hombre esté siempre mediado por el lenguaje tal vez no significa que necesariamente no siga pulsando una realidad que no pueda ser traspasada por el lenguaje. Y que esa realidad, que es una alteridad respecto al lenguaje, está ahí como algo que llama.

Cuando decís que lo originario del lenguaje no es decir algo que estaría ya enmarcado en el lenguaje sino que lo más originario es la escucha, la escucha originaria. ¿El referente de esa escucha originaria sería una realidad que también ya ha sido marcada previamente por el lenguaje? ¿O es una realidad que, aunque sea en algún perfil, conserva algo que siempre es extraño o inconmensurable respecto a cualquier palabra?

Hugo Mujica: Obviamente el lenguaje es una parcela de la realidad, pero es toda la que habitamos. Yo siempre estoy en contra de esa omnipotencia de descalificar el lenguaje porque es incapaz de abarcarlo todo. Sería como descalificarnos a nosotros porque no podemos volar. Lo que no se acepta es la finitud del lenguaje, se está siempre protestando contra eso.

Yo creo que el lenguaje tiene la ambivalencia –que es su riqueza– de permitir… Yo puedo experimentar una puesta de sol: estoy ahí viviéndola; ahora, cuando digo “qué linda” recién la tengo. Porque si no, estaba fundido: era una situación simbiótica, no era humana. Lo humano era decir “qué linda” y apropiarme de la experiencia. Pero cuando me apropio de la experiencia la pierdo porque me separé. Por eso siempre estamos hablando despidiéndonos de todo lo que decimos, pero es todo lo que tenemos. Yo creo que la celebración es desde la finitud del lenguaje y precisamente como finito es porosidad hacia todo eso otro. Pero no tenemos más que la palabra otro, porque si tenemos otra palabra es que ya nos separamos y lo trajimos al lenguaje.

Hay una pobreza del lenguaje que el escritor tiene que aceptar y amar. Si no, estamos todos en crisis de [inaudible] “dejo de escribir porque el lenguaje no abarca”. Bueno, sería como decir “dejo de respirar porque no soy inmortal”.

Esteban Ierardo: Aparte nuestra finitud [inaudible]. Yo no sé si hay certeza en lo que vos decís ni tampoco podría saber si hay una certeza –o no– en lo que yo digo. Esto parecería un juego, pero en realidad, asumir o no saber tal vez sea más que un juego porque deja abierta posibilidades. Por ejemplo: yo puedo seguir pensando en una posibilidad –una posibilidad: sin ningún tipo de comprobación última– que haya un contacto entre la sensibilidad humana y una divinidad que no ha sido absorbida aunque sea en algún matiz por el lenguaje. Concibo esa posibilidad por lo menos.

Hugo Mujica: Yo también, pero creo que para que esa posibilidad sea otra cosa que una tesis o una posibilidad la tenés que hacer lenguaje. Ahí la perdés, pero es la forma de perder: tenemos que ir perdiendo.

Esteban Ierardo: ¿Vos no pensás que hay siempre un aspecto que se desdobla? Tal vez íntimamente la sensibilidad estética –o como se lo quiera llamar– pueda tener un contacto íntimo con algo que se le ocurre inexpresable. La sensación es algún tipo de realidad en la respuesta sensible, en el encuentro sensible de la persona. Cuando inevitablemente se tiene que convertir en lenguaje, por lo tanto hay pérdida, es el momento de comunicación con el otro.

Hugo Mujica: Pero no es lo mismo.

Esteban Ierardo: Pero cuando se comunica con un monólogo interior no hay lenguaje. Tal vez existan sensaciones que si no pensamos que siempre el lenguaje tiene que ser el mediador, son sensaciones que surcan la historia sensible de un sujeto que da algo como una suerte de nube y oscuridad o de algo incomunicable, pero que son tipos de sensaciones que tal vez tengan un referente real y es una experiencia donde el lenguaje no llega y donde el lenguaje nunca puede mediatizar. Yo creo que es una posibilidad. Es una posibilidad.

Por eso, cuando vos decís que todo está mediado por el lenguaje, yo tengo un poco de rebeldía frente a esa postura. Es muy propio de nuestro tiempo suponer que nada puede escapar al lenguaje y si escapa no tiene significación o no tiene entidad. Yo creo que hay una posibilidad de algún tipo de entidad en alguna experiencia sensible sin el lenguaje.

El problema es la comunicación, precisamente. Siempre que surge la necesidad de la comunicación opino como vos. Cuando surge la necesidad de la comunicación esa experiencia que tal vez se hunda en algo fuera de lo lingüístico necesariamente tiene que ingresar en el orden de la palabra con todo lo que eso supone. Por lo tanto yo pienso que al revés: la omnipotencia [es tuya] por suponer que todo es permeado por el lenguaje. Tal vez haya una realidad que atraviesa el lenguaje humano sin ser alcanzado por él y esa realidad sea parte de lo que muchas culturas quisieron entender como en relación al misterio. Aquello que ni siquiera puede ser pensado como impensable: aquello que ni siquiera puede ser pensado como impensable.

Hugo Mujica: Puedo entender una relación sensible con la realidad. ¿Cuál sería la especificidad humana de esa experiencia que me diferenciaría del modo? Para mí la especificidad humana es la necesidad de llevar esa experiencia a la comprensión de mí mismo sobre qué me está pasando con esa experiencia. No quita la experiencia pero es lo que la humaniza, lo que la mete dentro de ese cosmos humano, de lo ya nombrado.

Esteban Ierardo: Yo lo veo de otra manera, pero creo que eso es lo rico. Porque vos en tu propio camino creativo has tratado de encontrarte con ese brillo de la necesidad humana de comunicar la experiencia sensible para que sea humana.

Hugo Mujica: Más que necesidad, la constitutividad humana.

Esteban Ierardo: Yo sigo pensando que tal vez hay una posibilidad. El desafío para la experiencia sensible es sostenerse como experiencia que no necesita de la comunicación y esa experiencia sería tal vez algo del orden de lo divino, de lo que las culturas han querido decir como lo divino, lo sagrado, que se le manifiesta al hombre y que pasa, porque siempre es una aparición fugaz.

En la historia de las religiones se ha querido sugerir como experiencia extática la irrupción fugaz de algo que, aunque después se lo quiera transformar en palabras, siempre queda como un resto incapturable por la palabra. Eso es una posibilidad de contacto de lo humano con lo no humano. En ese sentido, tal vez el animal también tenga ese tipo de experiencias y, por lo tanto, la diferencia entre lo humano y lo animal –que parecería ser que es una diferencia valorativa donde lo humano es superior a lo animal– tal vez sea algo discutible. Que no solamente el humano en cuanto a la posibilidad de experimentar una realidad fuera de la palabra sea superior a un abrirse del animal a un presente donde como no necesita palabra tal vez esté más cercano a una experiencia intensa que el hombre que necesita las palabras.

Hugo Mujica: Pero es un discurso humano sobre el animal. Digo: más arrogancia que esa… Qué sé yo que lo que le pasa en la cabeza a mi gato. Me paso inventando que me quiere, pero… [Risas] Yo no digo que el lenguaje agote la realidad, lo que estoy diciendo es que para que la realidad sea humana entra en el lenguaje. Esa es la especificidad humana, al menos como la comprendemos. Por eso todas las mitologías comienzan por la palabra, de alguna forma. El comienzo humano es el hablar.

Esteban Ierardo: Te lo iba a preguntar a nivel personal, pero podemos abrirlo al colectivo si te parece. ¿Cómo es el tipo de encuentro con la palabra de esa escucha de algo que se hace presente, cómo resuena en tu obra Lo naciente pensando en el acto creador?

Hugo Mujica: Yo fundo el acto creador en la escucha. Fundación que para mí como individuo particular. Todo el mundo sabe que viví siete años en silencio y que después de tres años de vivir en silencio empecé a escribir. Siempre me preguntan cómo era: es el paso del hablar al escuchar, el someterse al silencio. Para mí entonces aparece en ese paisaje concreto y físico. La palabra aparece en el silencio. Pero aparece como una donación. Nosotros estamos acostumbrados a pensar que pensamos en la cabeza: nosotros pensamos afuera. Yo la miro a ella [señala a una chica] y ella se me da a pensar. O miro una planta. Es el mundo que se entrega al pensamiento. Nosotros estamos pensando siempre el encuentro que tenemos con una realidad. La realidad cuando es vista por el hombre –a diferencia del animal– se vuelve decible. Las cosas nos buscan para saberse. El hombre es el que agregó en las capas de la tierra más el animal más las plantas, un lugar donde se refleja un sentido de la realidad.

El acto creador es la posibilidad de la escucha. Y la escucha de un lenguaje, porque yo la veo a ella y ya la veo mujer, vestida de negro, ya tengo un lenguaje para ella. Pero el escritor es el que se demora, el que mora el lenguaje escuchando qué tienen las palabras que todavía no dijeron de lo ya dicho. Ese es el acto creador. La escucha y ese ir por la vida sabiendo que las cosas están hablando, pero hay que demorarse. La demora en algo es la posibilidad que le das a ese algo de desplegar sentidos todavía tácitos. Eso es la creatividad.

El poeta es aquel que cuenta de alguna forma lo que le dice la vida que aprendió de ella misma viviéndolo a él. Esa es la unicidad que cada uno tenemos.

Esteban Ierardo: Pareciera que habría dos posibilidades. Una donde hay una realidad prehumana pero que necesita del hombre para decirse y para que el hombre a partir de decirle sostenga el acto creador…

Hugo Mujica: No, esperá. No hay dos realidades: todo es una misma realidad. El hombre está dentro de la única realidad que hay.

Esteban Ierardo: ¿Pero vos estás seguro que hay una sola realidad?

Hugo Mujica: Yo no estoy seguro de nada. Sí, debe haber mil. Yo estoy rompiendo la dicotomía sujeto y objeto. Yo no estoy por un lado y la realidad por otro: yo soy la realidad.

Esteban Ierardo: Está bien. Tal vez haya otras posibilidades que se nos escapen.

Hugo Mujica: Lo dudo. [Risas]

Esteban Ierardo: Yo te lo voy a recordar. Tal vez haya otras posibilidades. A veces, desde mi estupidez tal vez, se me ocurre pensar –o sospechar– que qué pasa si hay una realidad que tal vez no necesita del hombre y toda nuestra idea de que esa realidad necesita del hombre para autoconocerse y para decirse.

Esto no sólo se da en la poesía: se da en la filosofía. Hegel construyó toda una filosofía donde supuestamente la realidad, el ser, el espíritu absoluto necesita del hombre y necesitaba de Hegel para a través de la filosofía –que Hegel nunca admitiría que es la filosofía hegeliana si no la expresión óptima de la realidad– decirse. Tal vez sea así, pero tal vez haya una realidad que es totalmente otra y cuando nosotros decimos que la realidad necesita lenguaje para decirse y autoconocerse es una posibilidad que no niega la otra. Negar esa otra posibilidad es un poco cerrar. Aquello que se sustrae lo puedo saber.

Por otro lado tenés bastante interés –vos mismo fuiste quien me la recomendó– en la obra de María Zambrano. Por ejemplo, ¿cómo pensás que ella desde el orden del pensamiento trate de acceder a este encuentro poético de la palabra con la vida?

Hugo Mujica: Primero, dos cosas. Vos dijiste Hegel en esta idea de entrar todo en la idea de la comprensión del hombre, absoluto. Yo cortaría ahí: a Hegel no lo queremos acá. [Risas] Es un decreto.

Empecemos con Nietzsche para adelante. Con Nietzsche ya no es la comprensión si no la creación. Por eso decía yo soy realidad. Yo soy copartícipe de la creación, y yo creo la realidad fabulándola. Cuando decimos lenguaje –digo: todo es lenguaje– no me ciño al lenguaje de la gramática. También el color es un lenguaje, la música es un lenguaje, etc. El hombre sería la dimensión creativa, pero de esa fábula que la comprende para el hombre. No sé los mundos fuera de lo del hombre, no me imagino: y si me imagino ya es humano. Mi imaginación es humana.

Entonces, yo recuperaría la dimensión creativa que, como digo, no se ciñe al lenguaje que la comprende, si no que la crea. Cuando algo se me da a decir, se me da a seguir creándose. Porque ella es lo que es y todas las posibilidades de interpretación que yo le agrego. Eso sería lo humano: el seguir creando esta dimensión de sentido que va junto con la de comprensión. Una comprensión que no es dato objetivo si no una comprensión creativa.

Esteban Ierardo: Está bien.

Hugo Mujica: Pasemos a Zambrano. Zambrano lo que plantea es la comprensión poética, lo que ella llama la razón poética, que es la posibilidad poética de volver a esa dimensión que yo digo del hálito y ella llama del temblor. Para ella hay dos posibilidades, una es la del filósofo en el sentido oficial de la línea que ganó en Occidente como lo constitutivo que entendemos como filosofía, que es la búsqueda de lo uno. Y está el poeta.

El filósofo es el que se separa de la realidad para llevarla a la unidad y con eso se divorcia. El poeta es el que permanece en la cercanía de la realidad. Esto implica que ya no es el uno sino la pluralidad de la realidad. Esa línea fue descartada por Occidente. Occidente eligió el camino de la unidad, el camino de lo uno y del fundamento.

Eso es lo que se terminó con Nietzsche, donde ya empieza otra comprensión de la realidad, precisamente la comprensión estética y no comprensión racional. O sea: no es el verum sino el pulcrum y empieza toda esta idea de volver a lo estético, que sería la belleza. La belleza es la unidad de lo múltiple. No necesita separarse de lo múltiple porque está en la realidad, no es una abstracción de la realidad. Se va moviendo el pensamiento de la línea que venía que era de la comprensión racional –o intelectual, lo que sea– a la comprensión estética. De nuevo: como aquello que permanece en lo múltiple sin sentir que es un menoscabo de la unidad.

Esteban Ierardo: Es interesante esto que estás hablando porque por ahí sería bueno que lo pusiéramos en perspectiva con otra forma de lenguaje expresivo o estético, más allá de la poesía como tal. Como vos recién mencionaba, el color, la música, [trueno] los dioses paganos del trueno [risas].

En esta apertura a otra forma del lenguaje, me has comentando tu interés por el cine y por la música. Sería interesante recordar algunos creadores que desde la imagen intentan generar una experiencia de encuentro estético con la vida, o lo que se hace presente desde su ausencia dicho un poco más heideggerianamente. Pero desde el orden de la imagen como un camino paralelo al de la palabra poética. Tarkovsky: sería un momento apropiado para recordarlo. Hay algunas obras que son especialmente poderosas, por ejemplo el espejo “Zerkalo” donde de alguna manera la imagen se compone como una suerte de lenguaje poético gnoseológico en la cual parece que acontece algo del orden de la escucha. Cómo ves esa posibilidad de los paralelos o los puentes entre la palabra poética y su propio lenguaje expresivo y esos otros lenguajes más amplios del arte, desde la imagen, el cine, el sonido, la música, el color, la historia de las pinturas de Occidente o de Oriente.

Hugo Mujica: Hace más o menos diez días me fui a Texas, a Houston, a ver la obra de Rothko. El Four Seasons en los sesenta y pico le encarga a Rothko cuadros para adornar el restaurant. Rothko, que vivía a pan y vino, le parece extrañísimo. Le pagan unos dos millones de dólares, serían unos quince de ahora. Rothko, que los desprecia, imagínense quién come en el restaurant más caro de Nueva York, primero piensa que no, después dice que sí y pone los cuadros. Piensa que la gente que coma se va a transformar. Lo invitan a comer, ve a la gente y dice “esta gente no se va a transformar nunca” y retira el proyecto. Entonces alguien de Houston se hace cargo de que termine esos cuadros. Son 16 paneles que forman 8 cuadros. Forman una capilla sin religión ninguna, cuya sacralidad es estética y están los cuadros de Rothko.

Yo entré y lloré por 20 minutos sin parar. Sin duda fue la experiencia estética más fuerte que he tenido en mi vida, pero después me la conté. O sea: hay un momento en que el hombre regresa a casa y la casa del hombre es el lenguaje. Yo no pude quedarme llorando todavía. Hay un momento en que uno vuelve. Quizá es el momento en que uno pierde pero en esa pérdida lo tiene. Si no lo hubiese perdido no lo tenía. Eso es el acto creador, uno siente pero no sabe qué es y para saberlo lo escribe y escribiéndolo lo pierde. Pero sin esa pérdida no había nada.

Todo Occidente –y Oriente también– nace de una pérdida. La estética nace de Orfeo que pierde a Eurídice, la religión nace del Paraíso perdido, la filosofía nace como amor a la sabiduría que había perdido, el adolescente parte de la niñez de la cual ya adolece y por lo tanto adultera un personaje. Todo nace de esa pérdida: esa pérdida es la riqueza, es lo que no cierra. Es el relámpago y no el trueno.

Esteban Ierardo: Otra película de Tarkovsky, Stalker, tomando esta cuestión de la pérdida. En Stalker me gustaría pensar brevemente la pérdida que vos decís. Stalker es una obra en la cual hay un personaje misterioso que es el Stalker, una suerte de protector de una zona prohibida por el gobierno soviético donde se sugiere que hubo un posible descenso de una nave espacial. Todo eso está en el misterio, pero el hecho es que esta es una zona prohibida, y el único que sabe cómo entrar y salir de esa zona prohibida, perdida y ausente para una experiencia pública es el Stalker. Y hace entrar a la zona, a lo prohibido, a lo perdido para el conocimiento público a dos personajes que no en vano tiene nombres arquetípicos: uno se llama escritor y el otro se llama el científico. En el encuentro en ese triángulo de estos personajes se puede pensar esto de la pérdida que vos sugerís porque parecería que el escritor y el científico van a la zona a tomar consciencia de lo perdido. Pero su respuesta respecto de lo perdido parecería una suerte de queja resentida, de intuir que hay algo valioso que se ha perdido pero que se es incapaz siquiera de rozar lo perdido.

La postura del escritor: hace todo un monólogo, un lamento respecto de la inutilidad de la escritura del lenguaje. Por otro lado el científico lamenta la pérdida de la ciencia como progreso y cree que lo único que le puede caber a la humanidad es saber dónde poner un aparato nuclear. Frente a esa forma, digamos, resentidas o en fracaso, de una pérdida que se asume como una pérdida –que no deja riqueza como puede ser la creación poética–, está lo otro, que es el Stalker. El Stalker se sugiere como una persona analfabeta, iletrada. Por una serie de cuestiones que no vamos a comentar ahora, al final se sugiere que es un personaje de la cultura, una persona que lee, que se vincula con los poderes del lenguaje de una forma totalmente distinta al escritor y al científico que usan el lenguaje para la autojustificación de su nihilismo y su impotencia de responderle de forma creativa a lo perdido. Por contrapartida, el Stalker es aquel que le responde a lo perdido, no a través de la creación poética, sino a través de sostenerse en una experiencia cotidiana y sensible donde la intensidad aunque se pierda está presente en el devenir de la vida cotidiana.

Esa dimensión de la pérdida de la respuesta creativa, la respuesta que es triunfo aún como una pérdida y la otra respuesta, la respuesta que se resiente por fracasar con lo perdido: ¿vos lo ves así en esta película?

Hugo Mujica: En Stalker para mí, Tarkovsky lee La serenidad de Heidegger. Donde los tres personajes, el profesor, el escritor y el que habla se van del camino y de repente van comprendiendo. Está muy ligado a eso.

Vos decías que Stalker sabe entrar y salir. No: lo que sabe Stalker es escuchar. No te olvides que Stalker es el que tira siempre una piedra y va detrás de donde cae la piedra. Es el que obedece, el que va detrás de lo que nosotros llamaríamos azar, pero un azar que guía. No tiene en ningún momento comprensión de lo que pasa. Lo que tiene es ese saber buscar, es el que sabe buscar no el que sabe ir.

Sí, estoy de acuerdo con lo que decís, hay una pérdida. Es el nihilismo nietzscheano. Hay un nihilismo que es reactivo y que vive solamente quejándose de lo perdido y hay un nihilismo que es creativo que encuentra en el vacío un lugar desde el cual crear que sería el niño. O sea: ahí está. El camello, el peso de la tradición y la sabiduría, o el león que se rebela. Lo que plantea Stalker es el niño que juega, el que acepta el misterio –o ese vacío, esa zona–. Piensa que ahí se va a cumplir un sueño. Porque lo que contiene la zona es un lugar donde se completan los sueños. Esa es la posibilidad creativa. O quejarse que no quedó nada de una cultura o hacer de esa nada un espacio para lo próximo.

Esteban Ierardo: Es interesante lo que recordás, que creo que es válido para hacer entrar a Nietzsche. Cierta interpretación apresurada que a veces hay donde parecería que Nietzsche viene a ser la consciencia del nihilismo, pero nihilismo como lamento como pérdida y como denuncia de falsos sistemas cuando en realidad está la posibilidad, como señalaste, del nihilismo creativo.

Hugo Mujica: Sí, está el niño de Nietzsche, el que juega. O sea: el que no dice ni yo debo, ni yo quiero, sino yo soy.

Esteban Ierardo: Cuando se habla de la pérdida que, supuestamente, no podría tener una respuesta compensadora creativa muchas veces se recuerda que Nietzsche es el gran pensador del nihilismo porque Nietzsche habló de la muerte de dios. Esto es un tema discutible: tal vez la muerte de dios a la que Nietzsche alude es a cierto tipo de experiencia de la vida como problema o enigma que se le presenta al hombre, pero la muerte de dios no significa la muerte de una potencialidad creativa que el hombre muchas veces le endilga a dios como creador originario.

Cuando el hombre de alguna manera continúa el ejemplo divino, el hombre mismo puede verse como creador. En ese sentido, Nietzsche mata al dios que se cree único y definitivo, pero le devuelve al hombre la posibilidad de crear nuevos y múltiples dioses. Por lo tanto no es necesariamente la negación del modelo divino como modelo de la creatividad de una respuesta positiva.

Hugo Mujica: No, pero en realidad Nietzsche saca a dios y pone a Dioniso como fundamento creativo de la realidad.

Esteban Ierardo: ¡Claro! Lo que pasa es que vivimos en una época donde hay lecturas que son más impuestas por ciertos intereses de simplificación y hasta a veces cuestiones por qué no ideológicas. Parecería que es un Nietzsche mucho más políticamente correcto aquel que viene a decir murió dios y no hay ningún tipo de reelaboración posible de una creatividad de una médula religiosa, digamos, laica.

Es decir: cierta forma de pensar en que el acto creador tal vez sea una forma de apertura religiosa a algo que supera al hombre pero que lo incluye. En ese sentido religiosa: es decir que Nietzsche tal vez sugiere que existe la posibilidad de que el arte sea en último término, no lo que niega la religión, si no la sustitución por una religión creativa de la otra religión, del dios que muere que es el dios que viene a petrificar la vida. La vida tiene un sentido ya manifiesto, no hay misterio, no hay necesidad de cambio…

Hugo Mujica: Nietzsche no sugiere: lo dice. Nietzsche dice definitivamente muerto dios ahora el mundo es infinito porque ya no hay una sola verdad y por lo tanto el mundo se multiplica infinitamente en interpretaciones. O sea: el hombre pasa a ser el creador de la realidad. Y sacado el que tenía la verdad única, con Nietzsche termina el parámetro de lo uno. Se acaba un dios, se acaba una historia, se acaba una verdad. Aparece la multiplicidad como juego creativo de la existencia.

Esteban Ierardo: En tu lectura poética de Trakl [Mujica es autor de La pasión de Georg Trakl. Poesía y expiación], ¿cuál fue la historia y el encuentro de la escucha, a través de la escucha que tuvo Trakl?

Hugo Mujica: Paradójicamente para mí lo más cercano es lo que no sé. Yo podría decir que hace muchos años convivo con la poesía de Trakl, pero aquellas cosas que más me interesan son la que menos le pongo la cabeza. Por eso en el prólogo del libro de Trakl digo que no voy a hablar de Trakl sino qué me pasa a mí conviviendo con Trakl.

Para mí Trakl es sobre todo un tono. Lo que me interesa de Trakl es que en su carnadura el vive el fin de occidente. Me interesa mucho ese momento en donde se acaba la metáfora Occidente con ese Imperio Austrohúngaro del 1900, la ruptura del idilio con el lenguaje –que lenguaje y cosa era lo mismo–. O sea: cuando se empieza a disolver Occidente y él lo disuelve en su propio cuerpo hasta terminar matándose. A mí me interesa esa carnadura de su poesía, cómo él estaba captando en su poesía un mundo que terminaba y que él cifra en esa idea de que el alma ya no encuentra un mundo en la que encarnarse y sentirse como lo plantea Heidegger el separado. Me interesa eso y lo que dice su poesía, pero no tanto lo que dice como contenido sino como lo que hace acontecer.

Me interesa el lenguaje como acontecimiento más que como significado. Por eso es uno de los problemas que tiene hablar de literatura. Si hablamos de pintura: tomemos a Rothko. Rothko dice que una pintura, una obra, no es una idea: es un acontecimiento. La poesía también es un acontecimiento. Pero como la poesía tiene significado además de generar sentido siempre estamos discutiendo el significado. El lenguaje distrae mucho cuando hay que teorizar –por así decirlo– sobre la poesía. Siempre pensamos que la poesía está diciendo algo y está haciendo que pase algo, no diciéndolo.

Via:eternacadencia

domingo, 1 de noviembre de 2009

John Main. Meditación Cristiana



Uno de los más influyentes líderes espirituales de la oración en nuestros tiempos
fue John Main, un monje Benedictino Irlandés. Nació en Inglaterra en 1926 y
murió en Canadá cincuenta y seis años después . De acuerdo a Fr. Bede Griffiths,
que escribió poco después de la muerte de John Main, él fue el ’más importante
líder espiritual de la Iglesia actual’.

John Main era un joven diplomático Católico que vivía en el Lejano Este y fue
introducido a la meditación por un monje Hindú llamado Swami Satyananda. Sin
alejarse de su propia fe, John Main inmediatamente reconoció el valor de esta
práctica que profundiza y enriquece las otras formas de oración Cristiana. No fue
hasta muchos años después que se percató de lo mucho que esta práctica de
oración silenciosa del corazón se encontraba enraizada en su propia tradición
Cristiana. Pudo ver con mirada fresca las enseñanzas de Jesús sobre la oración. Y
leyó una nueva descripción viva de John Cassian acerca de los primeros monjes
Cristianos, Los Padres y Madres del Desierto, que practicaban y enseñaban con su
humilde ejemplo la disciplina simple de ’la oración de una palabra’. Vio el poder
que tenía esta disciplina para lidiar con las distracciones que inevitablemente
llenan la mente, sobretodo durante la oración pero también en otros momentos.

En el mantra vio el camino de esta quietud (’hesychia ’ como la llamaban los
Cristianos del Este) u ’oración pura’ que es la ’adoración en Espíritu y verdad’.
Vio como la disciplina del mantra purifica el corazón de deseos contradictorios y
nos unifica. El lugar de la unidad es el corazón, en donde hallamos nuestra más
profunda y natural orientación hacia Dios como fuente personal y meta última.
Entendió también cómo un mantra nos lleva a esa pobreza de Espíritu, o de la no-
posesividad, que Jesús afirmaba como primera virtud y condición para la
felicidad humana.

John Main pronto aprendió, por medio de su propia práctica de meditación que
la disciplina de meditar en la mañana y en la noche da balance a todo el día,
cada día de nuestra vida, en una paz y dicha cada vez más profundas. Y cada vez
más, notaba la conexión entre su experiencia de paz interna con el Evangelio y
la fe Cristiana. La oración se volvió más importante que hablar o pensar en Dios.
Es ser con Dios.

domingo, 11 de octubre de 2009

FRITHJOF SCHUON.POEMAS



En realidad, cuando un ser humano ama a otro,
ama fundamentalmente a Dios, y no lo sabe;
o bien lo sabe.
Sagrado es el amor,
porque en él duerme la luz del Amor Divino

*

En todo lo que puedas amar, amas el Sí
que habita en ti;
en todo amor, amas el Bien
que reina en lo Alto.

Y es parte de la salvación de tu alma
el que lo sepas;
y que en todo amor tu corazón más profundo
glorifique al Altísimo

*

Allá afuera ente la puerta,
allá me agrada estar solo,
escuchar el canto de los pájaros
a la luz del atardecer.

Me he perdido a mí mismo,
ya no sé quien soy;
porque sólo el Gran Uno
llevo en mi pensamiento.

Sin embargo, tantas cosas hay,
que son dignas de amor;
Dios, a través de su imagen,
ha vuelto mi corazón hacia el Uno.

*

El corazón está hecho de Verdad
en su interior más profundo.
En él canta el Bien Supremo
en horas a Dios consagradas.


Que la Verdad sea la fragancia del alma,
y no la agitación del mundo.
Tu corazón es la firme fortaleza;
en él moran Luz y Amor.

*

Silencio en Dios. Sin fin podría alabarte
dentro de mí. así como la Belleza produce Amor,
así tú me traes la felicidad del amor,
aun cuando ninguna otra alegría me quedara.

Silencio en Dios, a mí te acercas siempre de nuevo;
y así mi corazón nunca se cansará de loarte;
tal como las gracias que Dios me ha otorgado
resuenan día tras día en mi alma.

*

Piensan en Dios y cuentan sus oraciones
junto a una trémula luz;
deslizan las perlas sagradas
con celo, hasta que el hilo se rompe.

Allá en lo alto canta una alondra
llena de alegría ante la Faz de Dios;
trina y se eleva hacia el cielo,
y no cuenta sus exclamaciones de júbilo.

San Bernardo dijo: el amor es,
porque es el amor.
Y dichoso aquel que al amar
se olvida de contar y se olvida de si mismo.

*

Tú, que rezas en la soledad, no pienses
que estás solo; también para otros,
a los que no conoces, tu oración es un bien,
una bendición y un deber.

El recuerdo de Dios lo debes al Altísimo;
después a ti mismo y también a tu prójimo.

El lugar donde os detenéis ante el Señor,
es como un polo alrededor del cual gira el mundo.

*

Habla con Dios. El te responderá,
o Su silencio te será una respuesta;
porque El está contigo; tu nunca estás solo.
Que en su quietud pueda tu corazón estremecerse
y escuchar lo que dice el Nombre divino.
Presientes cómo florecen los jardines celestiales;
oyes las profundas melodías del Ser,
el canto primordial de amor y de luz.

*

Porque Tu eres mi Dios, a Ti te llamo;
Tú nunca me abandonarás.
Tú eres el Refugio, el Bien Supremo.
¿Quién puede abarcar al Altísimo?

Y aunque el mundo se rompiera en pedazos,
Tu eres lo que me quedaría.
Yo no sé qué es el mundo, qué soy yo.
Sólo se que amo.

*

El principio del recuerdo de Dios es el silencio
del alma aguardando la plenitud divina;
y acaba en la melodía de la consolación.

¿Acaba? El amor de Dios nunca acaba.

*

¿Qué es el ego?, ¿quién ha tejido este sueño
que sólo a mí y no a otro pertenece
y que, sin embargo, a otro anhela,
en quien, amando, olvida sus miserias?

¿Soy yo el velo de los recuerdos,
el ser que quiere dispersarse sin sentido,
arrastrado sin amparo por el tiempo
y que nada quiere perder ni lamentar?

¿Soy yo un ser que desea perpetuarse
y no quiere comprender que todo es apariencia?

Sólo soy yo mismo en la Palabra de Dios,
que me permite despertar en el Puro Ser.

*

Uno quisiera que todo fuese armonioso
en nuestro ambiente y en nuestra propia vida.
Un deseo demasiado pequeño. No hay nada mejor
que elevarse espiritualmente por encima de todo ello.

*

¿Habéis visto cómo la pompa de jabón
tornasolada en delicados colores asciende y cae,
se eleva hacia lo alto y, después, se pierde en la hierba
y ya no es más? Así ocurre con el mundo
y con la vida. No con nuestro corazón
que ha visto a Dios. Así como en un santuario
las velas consagradas, en estática devoción,
permanecen ante Dios, así será también tu corazón.

*

Angustia, miedo a la vida: ésta es una locura
que han producido nuestros tiempos enfermos;
el miedo a la existencia no se conocía en tiempos de fe,
que protegía rigurosamente las almas
ya las hacía felices.

Con la herida de la duda
sucumbe nuestra alma,
perece nuestro mundo.

*

Si el hombre se vuelve hacia Dios,
el malvado enemigo se vuelve hacia el hombre,
acechándole para provocar el desasosiego.

La sabiduría y la oración
son una muralla de luz y amor alrededor de la paz del alma.

Las pruebas tienen que existir;
Dios no abandona a quien en El confía.
En vano el Infame busca el engaño y la contienda;
la perfidia del Maligno se convertirá en la victoria del Bien.

*

La amargura puede amenazar a todo hombre,
tal como la melancolía; ambas, queridas por el diablo,
son una derrota, contrarias a la salvación,
e incompatibles con la naturaleza del Espíritu.

Es como si el psiquismo lo fuera todo.
Acógete al refugio de la Doctrina divina:
la verdad y la humildad te liberarán.

*

A través de las cinco puertas de los sentidos,
todas las imágenes del mundo penetran en ti;
pero si cierras los ojos, también del alma,
te hallarás en el silencioso pabellón del Espíritu.

No te dejes seducir por ningún sueño
del exterior y de tu propia alma
que la Mâyâ terrena te quiera ofrecer.

El estruendo del mundo es ensordecedor;
el Espíritu es silencio.

*

El valor del hombre reside en su dignidad,
en su ser ante Dios, no en sus acciones;
el hombre de ciudad que habita en altos edificios
no debe burlarse de aquel que vive en cabañas.

El valor del hombre se halla en su actitud
frente al Absoluto, no en su «dónde» y «cómo»,
tanto si cultiva el arte o la ciencia,
como si caza bisontes en las praderas.

El mundo es símbolo, cualquiera que sea su apariencia;
sólo el Gran Uno es Realidad.

*

Mundo, velo de sueño, casi desgarras mi corazón;
en ti hay sabiduría, necedad, alegría y dolor,
o también la nada. ¿De qué nos sirven vanas preguntas?
Todos debemos soportar la carga de la vida.

La carga, la felicidad. Arroja lejos toda aflicción,
la primera bendición tiene la última palabra;
el comienzo y el fin se dan la mano.

¡Que pueda tu corazón, por encima del tiempo y el espacio,
encontrar el dorado contenido de la existencia!

*

Tiempo de la juventud -ya lejano, pasado-
cerrado como un libro de imágenes.
Toda alegría, todo sufrimiento
se han fundido en el ayer.

Tiempo de la vejez: tú lo llamas tiempo,
pero es un jardín silencioso
que exhala el perfume de la Eternidad;
una mirada hacia atrás, una espera

y un permanecer en Aquello que era,
es y será; eternamente.


*

En nuestra infancia imaginamos que el mundo
está en orden, que la vida es placentera;
pero en la edad avanzada vemos que el mundo está enfermo;
y que lo que puede ofrecer son uvas amargas.

Las Escrituras nos enseñan sobre la caída:
una maldición ensombrece todas las cosas terrenas
y nuestras almas. Sálvese el que pueda hacerlo;
y quiera Dios que nuestra obra tenga éxito.

Si en espíritu puedes transformar el plomo en oro,
entonces también el ángel del destino te será propicio.

*

Sólo un hombre se halla ante Dios y Le invoca,
y toda la humanidad está en él contenida;
todas las oraciones de este mundo terreno
puedes unirlas en la invocación de tu corazón.

Todo en uno: así también es el tiempo;
¿qué es un día, qué es la vida entera?
Si te mantienes ante Dios con toda tu fuerza,
entonces tu pobre presente es Eternidad.

*

Poesía, danza y canción, y tañido de laúd;
lenguaje del arte y lenguaje de la naturaleza.
No digas que sólo son placer de los mundanos:
todo ello da testimonio de profundidad y del más elevado fin.

La belleza y el amor están lejos del egoísmo,
y de los fríos pensamientos cerebrales del orgullo.
Dos sabios que han bebido de la copa de la belleza,
caminan por elevados senderos, estrella tras estrella.

Oh amor, que reconcilia toda oposición:
pensamiento y experiencia; sonidos de cuerdas,
y canción, que de la nostalgia sagrada canta.
¡Oh belleza, que coronas el afán de la Verdad!

Oh dulce melodía, sonido de violín de un ángel,
tú revelas aquello que las palabras ocultan.

*

Los hombres parecen estar huyendo
¿qué les inquieta, qué les hace huir?
No sólo huyen ante lo desconocido que les amenaza,
huyen de sí mismos, de sus miserias,
de su simple existencia. Hombre escucha:
tú estás en la linde del Ser, ¿a dónde vas?
¡Deténte!
Dios es el Centro y el Reposo.

*

Oración en la piedra: así es la elevada catedral,
su largo interior, solemne y lóbrego;
una vidriera, por donde la luz se hace multicolor;
y devoción, que se detiene ante imágenes doradas.

En la casa de oración del Islam, sencilla y sin imágenes,
el rostro de la piedad se dirige hacia la Meca;
de pie y rezando, los hombres alineados
en el perfume de la fe, de la sumisión a Dios.

Oh santuario de la naturaleza virgen:
ni piedra ni tapices, sólo bosques y praderas,
cumbres de montañas, sol y noche profunda;
Supremo Todopoderoso, que todo lo abarca.

Un santuario que Dios nos ha dado:
no está lejos, es la vida más cercana;
¿dónde están las alturas en las que reinan los dioses?
En el cuerpo del hombre la Divinidad desea habitar.

*

Me asombra que tantas personas sueñen
con palacios relucientes, ricas habitaciones,
todo adornado con oro y piedras preciosas;
¿dónde está la felicidad? Más bien se podría llorar.

Muchos viven en ciudades demasiado construidas,
en edificios como torres de Babel,
duros y fríos gigantes, como encadenado
se pasa la vida; el tiempo grisáceo se funde.

Y muchos no ven que lo hecho por Dios
es infinitamente mejor que lo artificial o inventado,
mundo de la razón, imaginado por el hombre;
la Gracia se encuentra en prados, campos y bosques,

en la naturaleza floreciente de Dios,
o cuando la nieve pura cubre la tierra.
El Altísimo nos ha dado nuestro hogar;
el hombre poco necesita para vivir en Dios.

*

Pensáis que la vida terrestre es una posesión;
no; la vida y el cuerpo no son más que un préstamo.
La existencia futura nos da infinitamente más
de lo que puede ofrecernos la vida terrestre.

Aquello que nos conduce al error y al sufrimiento,
disciérnelo y evítalo.
El sufrimiento no es más que ilusión, es pasajero;
el resto es alegría.

La felicidad no se halla en un simple vivir ciego,
yace en la oración; y en el noble don.

*

Sientes que este mundo terrenal es triste,
mas por esta tristeza no debes lamentarte;
no digas que el Universo es malo.

Porque cada sombra terrenal tiene un fin,
e infinita es la dicha escondida en las cosas;
la vida puede ser pesada, pero el alma tiene alas.

La doble naturaleza de este mundo contempla:
un lado es hierro, y el otro oro.
Tu bienaventurada naturaleza interior debes ver,
entonces sabrás: Dios la hizo pura y libre.

*

Dime por qué has amado la cima de la montaña,
su sereno silencio y su pureza,
y yo te diré que el reposo de nuestro espíritu
es la soledad con Dios; serenidad
por encima del estrépito de los pensamientos. Y dime por qué amas el secreto del bosque susurrante,
su santidad y su oscura seguridad,
y yo te diré que nuestro gozo perdurable
es unión, amor en nuestro corazón más profundo,
sumergiéndose en el Misterio de nuestro ser;
unión con lo que soy, y lo que eres.

Poemas extraídos en su mayor parte de:
AMOR Y VIDA poesías de FRITHJOF SCHUON

sábado, 10 de octubre de 2009

Amselm GrÜn. El sacerdocio y el celibato.


-Al referirse a por qué la gente confía cada vez menos en la Iglesia, usted dijo que es porque la Iglesia no encontró el lenguaje adecuado...

Lo importante es que el lenguaje venga del corazón, porque un lenguaje teológicamente correcto, pero frío, no abre los corazones.

-A veces los obispos hablan con términos que la gente no entiende. ¿Cuál es la tarea, reeducar o adaptarse a un nuevo lenguaje?

La Iglesia debe traducir los conceptos a un idioma más moderno y debe cuidarse de no tener un lenguaje sólo conocido por los teólogos. Solamente puedo comunicarme con el otro si previamente lo escucho. El lenguaje de la fe tiene que renovarse constantemente.

¿La vocación sacerdotal está en crisis?

Los benedictinos tenemos en Alemania muchos seminaristas, y estamos creciendo. Pero en este momento el sacerdocio no es una profesión muy atractiva. Los sacerdotes tienen muchísimo trabajo porque, como hay pocos, deben atender dos o tres comunidades al mismo tiempo. Otro problema es el celibato. Los curas deberían poder elegir entre dos formas: aquellos que quieren contraer matrimonio y los que quieren ser célibes.

Es curioso, porque la iglesia evangélica permite el matrimonio de sus pastores y pese a ello también tienen menos vocaciones. Otro dato curioso es que el porcentaje de divorcios en los matrimonios de pastores protestantes es mayor que el de los divorcios en matrimonios entre laicos.

-¿Por qué cree usted que pasa esto?

Porque antes la esposa del pastor lo ayudaba en todas sus tareas. Se concebía a sí misma como la sierva o la persona que lo ayudaba. Hoy ninguna mujer quiere estar al servicio de ningún hombre, y menos de uno que no tiene mucho tiempo para la familia.

-No obstante estas dificultades, ¿usted propone que el celibato sea opcional?

Sí. Me parece más honesto que existan los dos modelos. Yo he acompañado a sacerdotes maravillosos que al juntarse con una mujer tuvieron que dejar su sacerdocio. Mi principal argumento es que sería más sincero, porque hay algunos sacerdotes que viven en dos planos. Si hoy la Iglesia diera al sacerdote la posibilidad de estar casado, no perdería a tantos sacerdotes valiosos. Esto sería más transparente.

Pero, ¿es posible vivir en celibato?

Es posible, pero se necesitan buenas condiciones para que el sacerdote pueda mantenerse en el celibato. Muchas veces la Iglesia defendió el celibato, pero no mostró los caminos para vivirlo. Es decir, cuál es la espiritualidad profunda e interior que se necesita para hacerlo.

¿Esta propuesta tiene cabida entre los teólogos actuales?

Sí. Es un tema que se está contemplando y del que se está hablando en los sínodos.

-Usted es considerado por algunos como más esotérico que cristiano. ¿Qué dice al respecto?

Los que dicen eso son cristianos muy conservadores. Soy absolutamente cristiano y sigo la tradición católica. Al mantener un diálogo entre la psicología y la teología, trato de ahondar en el ser humano y en su experiencia.

El esoterismo ha prestado atención a muchas inquietudes del ser humano, pero no les da las respuestas suficientemente profundas, como sí las da la Iglesia a los anhelos que se plantean las personas. Yo intento darles a esos anhelos de las personas una respuesta cristiana.

domingo, 30 de agosto de 2009

El poder del mantra. Documental.



El mantra es una palabra o grupo de palabras sin un contenido semántico específico. Un mantra es un conjunto de sílabas en sánscrito (lengua sagrada del hinduismo y del budismo tántrico) que se recita un determinado número de veces para conseguir un logro, que puede ser mundano (obtener algo, lograr alguna habilidad) o trascendente (el logro supremo, que en el budismo tibetano consiste en la iluminación no solamente racional, sino de la verdadera naturaleza de la mente). También puede definirse como un sonido o combinación de palabras que por su construcción, significado y ritmo, posee la capacidad de concentrar la mente, elevandola.

La palabra es sonido. El sonido es vibración. Vibración es energía. Según el hinduismo, el mantra Om es el sonido primigenio del universo, el origen y principio de todos los mantras.
En la tradición hindú, la función primordial de los mantras es liberar a la mente del condicionamiento material y elevar la conciencia a un plano superior o espiritual.

Via :en busca de la paz interior

sábado, 18 de julio de 2009

Padre Bede Griffiths, su vida, su enseñanza en la India


Este respetado fraile benedictino y guía espiritual, nació en 1906 en Inglaterra en el seno de una familia de clase media. Educado en Oxford, dejó su país natal en 1955, atraído por la filosofía y religión de la India, adonde fue en busca de "la otra mitad de su alma". Se instaló en el ashram de Saccidanada, llamado Shantivanan (Morada de la paz), conduciéndolo desde 1968 hasta su muerte con un estilo sencillo que incorporaba elementos tanto orientales como occidentales. Llegó a ser reconocido como un gurú por los aldeanos de la ciudad, viviendo voluntariamente en la pobreza y consumiendo sólo lo indispensable. Para él, la vida debía estar libre de necesidades artificiales viviéndose al día y en equilibrio con la naturaleza. Así, en el ashram se cultivaba únicamente lo necesario para la subsistencia.

Aunque cristiano devoto, portaba el "Kavi" – hábito azafrán del santón hindú - y andaba descalzo. Todo lo que hace referencia a él representa la simplicidad, valor central de su vida, que fue adoptando paulatinamente al ir asimilándose a la austera India. Contrario a las grandes ciudades por su deshumanización y alejamiento de la vida natural, rehusó asimismo la seguridad de la vida monacal. Vivió consecuentemente su convicción de que la libertad espiritual se consigue sólo a través del desapego, abogando por las comunidades pequeñas de cooperación mutua para el crecimiento de todos, en armonía con la naturaleza, y con la mayor prescindencia posible de necesidades materiales. "Vivir despojado", no como un sacrificio, sino gratamente, como un camino para encontrar el gozo espiritual.

El Padre Bede consagró gran parte de su vida al estudio y la comprensión de la relación entre la religión cristiana y la tradición religiosa hindú y budista, sin dejar de lado la integración entre ciencia y misticismo. Esto ha hecho que se le compare con Lama Govinda. Para ambos, debía producirse un cambio cultural profundo, una síntesis entre Oriente y Occidente, donde la ciencia occidental y el pensamiento y tradición oriental encontraran un desarrollo compartido. Las religiones están unificadas en su origen, difiriendo sólo en lo exotérico. Al profundizar en su contenido esotérico nos acercamos a su fuente. Cada tradición encierra una verdad eterna que se manifiesta de forma distinta, siendo la tarea actual de la humanidad el ir en busca de esa verdad esencial e interna de cada tradición, de donde emergerán las posibles soluciones.

El Padre Bede creía en un renacimiento de las verdades profundas a través del enriquecimiento del cristianismo con la experiencia oriental. La comprensión e interrelación entre ellas produciría paulatinamente la emergencia y florecimiento de las simientes verdaderas. Pensaba asimismo que la incorporación de una visión no dualista (advaita) era esencial para la sobrevivencia espiritual humana. Junto al privilegio del aspecto contemplativo de la experiencia religiosa, está el "abandono de sí mismo", primeramente de los sentidos y luego de la mente y sus limitaciones. La forma de llevar esto a la práctica es a través de la meditación, la que permite experimentar algo de la realidad trascendente y del acercamiento a Dios. Su realización perseverante y prolongada incidirá en la actitud hacia las otras personas y hacia el mundo circundante, propagándose sus efectos a todas las cosas.

El camino hacia la espiritualidad es difícil de llevar a cabo si no se tiene un entrenamiento adecuado. Por esto, las personas comunes necesitan "apoyos", como la oración, los rituales, los cantos devocionales. Todo tiene su lugar, como asimismo el amor hacia las personas, hacia la naturaleza y la belleza, lo que facilita un acercamiento mayor a este gran misterio trascendente. Es la percepción del universo como un organismo vivo y sagrado, del que todos y todas las cosas formamos parte. Esto es válido para cualquier religión, y estas verdades comunes, y por tanto posibles de compartir, eran las realzadas por el Padre Bede. La idea de un Dios trascendente pertenece mas bien al punto de vista bíblico, pero es perfectamente compatible con el enfoque hinduísta de un Dios inmanente.

Como ésta, hay gran cantidad de verdades esenciales que pueden ser complementarias y que merecen ser trabajadas en este tiempo, buscando la unificación. La expresión "venimos de la unidad y vamos a la unidad" manifiesta que existe afinidad en la esencia tanto del hinduísmo como del budismo y del cristianismo, y que sus diferencias y contradicciones sólo están en la superficie. La distorsión de una verdad y, por lo tanto, el inicio de las diferentes corrientes, comienza en el momento mismo en el que aquella entra en nuestro mundo de tiempo y de materia, debido a los distintos grados de comprensión y a la necesidad de emplear el lenguaje, de por si insuficiente e imperfecto, para referirse a lo ilimitado, a lo divino.
Otra diferencia aparente entre Este y Oeste es la concerniente a la relación con Dios. Para el oriental la relación con Dios es en términos de consciencia, donde el pecado es la ignorancia, vista como inconsciencia de niveles superiores de mayor amplitud. En la tradición judeo-cristiana la relación se concibe en términos morales, como pecado versus virtud. Pero ambos están interrelacionados. Al situarse la ignorancia en la consciencia y el pecado en la voluntad, son dependientes entre sí. Para el cristiano, Dios es omnipotente allá en el Cielo, y el hombre, su criatura acá en la Tierra, trata de merecer su Gracia mediante la práctica de la virtud. El oriental ve la unidad de Dios en todos los seres y acontecimientos, y busca a Dios dentro de sí como una parte de Dios que es el mismo. A nivel profundo ambas versiones son valederas y convergentes.

Para la tradición hindú, Dios es Sat-chit-ananda (Ser-Conocimiento-Bienaventuranza), pura consciencia. Para el cristianismo, Dios no sólo puede considerarse como un estado de consciencia, sino como una relación de amor. El amor cristiano sería paralelo al ahimsa (la no violencia) del hinduísmo y a la compasión del budismo, aunque cada cual con un carácter distintivo. En la tradición hindú, la persona al final desaparece, pero en la tradición cristiana, la realidad última es personal o interpersonal. Mediante el amor nos salimos de nosotros mismos y nos entregamos a otro, y sin perdernos en el otro somos uno, pero a la vez diferentes. En la consciencia existe una sola identidad, pero no ocurre así en el amor, ya que él implica al amante y al amado, cuya comunión los convierte en uno. Es una paradoja.
Todos tenemos la misma capacidad de trascendernos y experimentar la unidad con Dios, diferenciándonos en los diversos grados de apertura hacia lo divino. Esta posibilidad coincide en las diferentes religiones, aunque con matices. Para el hindú es posible devenir Dios, pero para el cristiano esta realización no puede ser completa para un ser humano. Podemos unirnos a El, experimentar Su amor, pero El estará siempre más allá, debido a nuestras limitaciones. No podemos ser Él.

Se aprecia una marcada diferencia entre Oriente y Occidente en la concepción del tiempo. En las religiones orientales el tiempo es cíclico: personas y avatares vuelven una y otra vez y no hay un final. Hebreos y cristianos, en cambio, tienen un punto de vista lineal donde el tiempo transcurre hacia un final en el que Jesús lleva todo a un nuevo comienzo en otro plano: culminación y trascendencia del tiempo y el espacio
en la resurrección.. Al ser lineal esta perspectiva, esta trascendencia se produciría en un momento histórico, a diferencia del hindú, que transita en su proceso de devenir Dios a través de los ciclos de renacimiento. La base común de estas visiones está en la posibilidad de revelación divina, factible a todos de acuerdo a su capacidad y grado de apertura. Capacidad que puede crecer y llegar a ser total.

Un paso inicial y fundamental para esta transformación es la fe, no en su sentido común de creencia, sino como anhelo de conocimiento profundo. Estrictamente hablando, la fe es una iluminación de la mente, pero se emplea indebidamente como sinónimo de creencia en lo no demostrable. La fe debe llevar a la experiencia, y ésta a la apertura de la mente ante la realidad trascendente, el verdadero conocimiento. Así, la fe debe actuar como motor para un comienzo en el experimentar y conocer. Sin esto, se transforma en teología vacua, puramente intelectual. La mera creencia no nos salva ni nos transforma, es limitada, pasiva. Sólo una "fe conformada por el amor", una fe real, nos abre a lo divino. Y de esta tenemos poca en el cristianismo, donde muchos sólo creen.

Desde remotos tiempos se ha simbolizado a Dios, la divinidad, la realidad última, con la luz, en oposición a la oscuridad de la ignorancia, el pecado y la muerte. Curiosamente, sin embargo, para el Padre Bede lo supremo se encuentra en la "divina oscuridad", tras un viaje que sobrepasa a la imaginación, a los pensamientos, a la mente, hasta llegar a Dios, oculto en las profundidades del inconsciente. En el trayecto hay que descartar muchos demonios y distracciones, los que parecieran ser - desde el punto de vista del Padre Bede - fenómenos de la luz. Toda visión sería consecuencia de la luz, de un mundo témporo-espacial, de no-Dios, quien es lo no formado, lo invisible, lo incognoscible. Así, Dios sólo puede ser encontrado en la oscuridad del centro interno del ser.

El cristianismo necesita crecer, reconstruir su teología con nuevos aportes, pues el Platonismo y el Aristotelismo que la fundamentaron en el Medioevo ya se hacen insuficientes. Una fuente de esa nueva savia se puede encontrar en el misticismo oriental, en sus intuiciones profundas coincidentes, más allá de lo exotérico separatista. Otra fuente viva de aporte debería ser la ciencia contemporánea, cuya visión del mundo ha ido penetrando gradualmente todos los estratos y su asimilación tendrá que llevar a una nueva teología. La ciencia está redescubriendo lo sagrado y la realidad reverenciable del universo. Se vuelve a la concepción de que el cosmos se refleja en nosotros. Ella desapareció durante el Renacimiento cuando se instauró la división entre el ser humano como observador separado de un universo material exterior a él. Para el hindú todo es sagrado, pero como el cristiano occidental ha perdido esta visión - que todo pueblo nativo inicialmente tuvo – necesita recuperarla. En ese proceso son de gran ayuda las ideas de Einstein, Bohm, Sheldrake, Capra y otros que, al modo occidental, han redescubierto los viejos valores universales. Es una oportunidad histórica única para renovarnos y ampliar nuestro horizonte de comprensión.

Actualmente hay una gran efervescencia por esta búsqueda, lo que ha producido en diferentes niveles acercamientos entre Este y Oeste. El transplante ideológico y cultural es bilateral. Así como occidente se vuelca hacia oriente en busca de respuestas existenciales, así también los orientales implantan en sus pueblos los valores de la tecnificación, industrialización y ciencia occidentales, en contrapunto con la vida tradicional conservada por las generaciones mayores. Todo este movimiento de transferencia debería, a pesar de demoras y conflictos, llevar a una síntesis valiosa para ambos, en la que los valores profundos de ambas partes confluyan y se encuentren. Se puede apreciar en la práctica que las nuevas ideas científicas como la teoría cuántica, el orden implicado o los campos mórficos son aplicables tanto a escala humana como a nivel fundamental, fusionándose así el macrocosmos y el microcosmos en un todo único e indivisible. Las implicancias son de tal magnitud que no se pueden limitar sólo al ámbito científico, sino que comprometen en igual medida a la filosofía, al misticismo, y a toda la consciencia humana.

A pesar de la diversidad de intereses del Padre Bede, su gran obra fue su vida, su búsqueda de simplicidad, su constancia en llevar su comprensión a la experiencia, y su esfuerzo continuo por el logro de la unificación de lo mejor de las religiones oriental y occidental. En especial, la búsqueda de lo que nos une por sobre lo que nos separa, la persecución de las coincidencias por sobre los antagonismos aparentes. Él veía a la hermandad humana subyacer bajo cualquier diferencia aparente, y en forma intuitiva buscaba los puentes de comunión. Esta cualidad se evidenciaba ya en su primera juventud, cuando formó una comunidad con sus amigos en Inglaterra, como alternativa a lo que estimaba como artificioso y superficial en el intelectualismo, la industrialización e incluso las grandes iglesias. Este hombre sensible, que de joven se extasiaba ante la poesía, y que con los años se transformó en un erudito, fue paralelamente descartando de su vida todo lo no esencial, todo artificio y exceso. Supo rodearse de lo mejor de la tradición oriental y del pensamiento occidental, acudiendo a congresos de ciencia y misticismo con la vanguardia de la ciencia contemporánea, leyendo a los más connotados filósofos, teólogos y místicos. Por sobre todo, fue un gran ecumenista que supo aprender de la esencia de todas las corrientes y sintetizarlas en su vida y afán unificador.

Algunas de sus obras son: "The Golden String", que describe su búsqueda espiritual; "The Marriage of East and West", que habla de la síntesis de pensamiento entre ambas tradiciones; "Return to the Center", que contiene pensamientos sobre la unificación religiosa; "Christ in India", con ensayos sobre religiones comparadas y filosofía; y su última obra, "The Cosmic Revelation", sobre los Vedas. Además de los escritos, el Padre Bede logró hacer de su ashram un centro de encuentro de personas de diferentes religiones, en un ambiente de paz, sencillez y calma que propiciara las prácticas contemplativas y el diálogo en comunión. Una biblioteca esencial, comida vegetariana, meditación, cánticos budistas, hindúes y cristianos, velas e incienso, se reunían en una atmósfera espiritual universalista en la que no existía la segregación.

El Padre Bede Griffiths falleció el 13 de Mayo de 1993 en su ashram, a la edad de 86 años, dejando una gran tarea por continuar, como es el fortalecimiento de ese puente tendido entre el cristianismo y las tradiciones orientales, el que significará una base fundamental para la sobrevivencia espiritual.

Tatiana Reyes
Vía : revista Alcione

martes, 14 de julio de 2009

La crisis india

Un misionero de larga trayectoria explica por qué la religión más difundida en la India, cuando es instrumentalizada por la política, desemboca en odio anticristiano. Como sucede en estos días

Piero Gheddo

El hinduismo es la única gran religión que no tiene un fundador. Es un conjunto inorgánico de creencias y de ritos, que se ha formado durante milenios en un proceso incesante de transformación. Es hindú no aquel que cree en determinadas verdades dogmáticas sino quien ha nacido en una comunidad tradicional de la India cuyos miembros tienen ciertos derechos y deberes de orden social, no religiosos: reglas que tienen que ver con la dieta, la pureza ritual o las distintas formas de comportamiento social.

La dificultad para comprender la India procede también de esa indeterminación de su religión nacional, que ha creado una gran civilización uniendo a pueblos muy distintos, pero que hoy atraviesa una fortísima crisis de identidad frente al avance de la civilización moderna. Para comprender los ataques a las misiones cristianas de nuestros tiempos es necesario partir de este dato de hecho. El único fundamento dogmático, por llamarlo así, del hinduismo es la “reencarnación de las almas”. Las sagradas escrituras (escritas en sánscrito, y que se remontan a 2000-1000 años antes de Cristo) hablan claro: «Aquellos cuya vida ha sido virtuosa –dice el Chandogya Upanishad– renacen en el cuerpo de un brahmán, de un noble guerrero o de cualquier otro ser humano honorable. Aquellos que se han abandonado a los vicios renacen en seres inferiores y viles, en el cuerpo de un paria, de un perro, o de cualquier otro animal inmundo». El alma (atman) es eterna, pero vive siempre en cuerpos de hombres o de animales, pasando de uno a otro cuando la muerte del cuerpo precedente la libera, y renace según el karma de cada uno, es decir, según las acciones llevadas a cabo en la vida precedente. La existencia humana es un ciclo de nacimiento y renacimiento, hasta su definitiva liberación.
El fundamento de la India tradicional es el sistema de castas, una sociedad jerárquicamente ordenada, con derechos y deberes bien definidos para cada casta, con el fin de poder asegurar la paz de toda la sociedad y un mejor karma para todos. Las castas hacen que la sociedad hindú sea estática y, aunque fueron abolidas desde la independencia de 1947 y por la Constitución, continúan regulando la vida de cientos de millones de indios, especialmente en las zonas rurales. Sin embargo las castas crean una solidaridad real dentro de cada casta, “uno para todos y todos para uno”. Esta estructura de pequeñas unidades graníticas es el secreto de la supervivencia del pueblo hindú a través de los milenios. El hinduismo, que ha permanecido inmóvil desde siempre, se está renovando por la influencia de las misiones cristianas desde mediados del siglo XIX a través de distintas samaj (asociaciones) y de grandes personalidades religiosas, algunas de las cuales (Gandhi, Vivekananda, Vinoba Bhave, Aurobindo) están fuertemente influenciadas por la figura de Jesucristo y por el cristianismo (cosa que no sucede en la renovación islámica). El neo-hinduismo trata de conservar los valores fundamentales de la tradición hindú (sobre todo la religiosidad), rechazando, sin embargo, aquello que es incompatible con el mundo moderno. Pero mientras, tras la subida al poder de Rajiv Gandhi (hijo de Indira, asesinada en 1984) y la caída del muro de Berlín (1909), la India ha renunciado al modelo soviético de desarrollo y se ha situado con decisión en el libre mercado, lo que ha producido un boom económico y un bienestar desconocido hasta ahora. Aunque está atravesando una fuerte crisis, el hinduismo tradicional está resurgiendo por el nacimiento de distintos partidos que ocupan el lugar del Congress Party, basados en el sistema de castas y que instrumentalizan el sentimiento religioso del pueblo.

El desarrollo económico y social de la India se está viendo frenado en la actualidad por las castas, una estructura social milenaria que no desaparece de un día para otro. Por un lado están las fuerzas políticas, culturales y religiosas modernas de la India, que tienden a la democracia y a la libertad de pensamiento y de religión; por otro las fuerzas de la indutva (el nacionalismo religioso-político), que tienden a imponer en todo el país, incluso mediante la fuerza, el principio según el cual «el verdadero hindú es únicamente el hinduista», y que se enfrentan a los musulmanes (el 13% del total de la población) –que responden ojo por ojo– y a los cristianos (el 3%), que no albergan sentimientos de venganza y que terminan siendo el chivo expiatorio de la situación. Los asaltos a las misiones y a las obras cristianas se han convertido en un hecho casi cotidiano en algunos estados del centro-norte del país (Orissa, Madhya Pradesh, Uttar Pradesh, Gujarat, Bihar).

El motivo fundamental de esta violenta reacción anti-cristiana es la conciencia de que el “mundo moderno” acaba destruyendo inevitablemente la sociedad hindú tradicional. La presencia de las pequeñas comunidades cristianas entre el pueblo difunde los valores del mundo moderno: valor absoluto de la persona humana, igualdad de todos los hombres ante el Estado, igualdad de derechos del hombre y la mujer, libertad de pensamiento y de religión, justicia social. Si el pueblo hindú entra en esta lógica “moderna” abandona el hinduismo, y la India pierde su cultura e identidad profundas. Las élites hindúes, tanto religiosas como laicas, en parte a través del diálogo con el cristianismo y con la obra de las escuelas cristianas, dentro de las que se encuentran las universitarias (las más prestigiosas de todo el país, el 12%), han madurado una visión superior del hinduismo que permite de alguna manera seguir siendo hinduista viviendo plenamente dentro de la modernidad. Pero las masas populares (el analfabetismo alcanza el 35% de la población) viven todavía un hinduismo tradicional y son más fácilmente instrumentalizadas por los partidos políticos extremistas.

El extremismo hinduista contra las misiones cristianas tiene también otra motivación. La obra social de los misioneros se ha dirigido siempre a la promoción de las clases más pobres y marginales. Entre los “sin casta” (dalit o paria, en la actualidad cerca de 150 millones) y los tribales (otros 80 millones), las misiones han llevado a cabo un papel magnífico, reconocido incluso por los gobiernos indios: han permitido que los pobres tomen conciencia de su dignidad y de sus derechos. Cualquiera que visite las regiones habitadas por los parias o por los tribales, si las compara con lo que sucedía hace 20 ó 30 años, puede testimoniar la profunda revolución social realizada sin violencia alguna, sólo con la educación de las personas. Desde hace más de 50 años visito la India y Andhra Pradesh, en donde trabajan los misioneros italianos del Pime, y cada vez me maravillo más de los pasos gigantescos dados por los mismos parias. Por citar sólo un ejemplo, allí donde en 1964 vivían los parias “siervos de la gleba”, que trabajaban durante días en las posesiones de los terratenientes, hoy se levantan dos universidades fundadas por los misioneros para ellos (Ingeniería y Medicina). ¡Es fácil comprender los intereses que están detrás de aquellos que no quieren esta promoción de los sin casta!

Dentro del mundo no cristiano, la India es en la actualidad el país más cercano a Cristo y al Evangelio, no sólo por su Iglesia viva y floreciente, sino por la penetración de los valores cristianos en su cultura. Las misiones y las comunidades cristianas han tenido una gran influencia en la maduración y renovación del Hinduismo. Gandhi quería una India avanzada, pero no materialista y atea, y las raíces de la India moderna son muy distintas de las del Occidente cristiano: éstas son ateas y anti-cristianas (ilustración, filosofía idealista, marxismo), mientras que las hindúes son teístas y están influenciadas por el Evangelio y por las Bienaventuranzas. No es de extrañar pues este extremismo hinduista. Es necesario rezar y sostener de cualquier forma posible a los cristianos de la India. La tierra de santo Tomás tendrá un gran papel en la difusión del Evangelio en toda Asia.

http://www.gheddopiero.it/index2.htm

domingo, 12 de julio de 2009

Thomas Merthon. Un viaje a Getsemaní.

El camino de los místicos es un camino lleno de poesía, pobreza, búsqueda, quietud y compromiso social. Frente a la esclavitud del consumo que engendra el espejismo más grande acerca de nuestra incompletud, el místico nos propone la vuelta al Ser despojado del tener, para asir en completo silencio la Vida de Dios en nosotros.

Iesu_dulcis_memoria.mp3.Escucha aquí.

















..."cuanto más soy capaz de afirmar a otros, de decirles “sí” en mí mismo, y descubrirles en mí mismo y a mí mismo en ellos, más real soy".

THomas Merton

miércoles, 8 de abril de 2009

Una entrevista a Hugo Mujica



HUGO MUJICA nació en Buenos Aires en 1942. Estudió Bellas Artes, Filosofía, Antropología Filosófica y Teología. Esta gama de estudios se refleja en la variación de su obra que abarca tanto la filosofía, como la antropología, la narrativa como la mística y sobre todo la poesía.

Entre sus principales libros de ensayos se cuentan "Kyrie Eleison" (1991), "Kénosis" (1992), "La palabra inicial" (1995), "Flecha en la niebla" (1997) y "Poéticas del vacío" (2002) y "Lo naciente" (2007). "Solemne y mesurado" (1990) y "Bajo toda la lluvia del mundo" (2008), son sus dos libros de cuentos.

Su obra, iniciada en 1983 , ha sido editada en Argentina, España, Italia, Francia, México, Estados Unidos y Eslovenia . Su vida y sus viajes ha sido el material principal de su obra, hitos como el haber vivido y participado de la década de los 60 en el Greenwich Village de Nueva York, como artista plástico, o el haber callado durante siete años en el silencio de la vida monástica de la Orden Trapense, donde comenzó a escribir, son algunos de los mojones de su historia.